POR: ALEJANDRO FLORES COHAILA

n el primer ensayo sobre la población de Thomas Malthus, el autor plantea los siguientes postulados: 1) el alimento es necesario para la existencia (y subsistencia) del hombre y 2) la pasión entre los sexos es necesaria y se mantendrá en su estado actual (siglo XVIII).

Planteados y comprendidos ambos, pasa a indicar la diferencia entre el crecimiento poblacional y el crecimiento del alimento: el primero crece geométricamente; el segundo, aritméticamente. Es decir, que la población, sin ningún obstáculo mayor, se multiplica de periodo en periodo (de ahí que en las aulas se obligue a los niños a tomar cartulina cartón, tijeras y colores para hacer árboles genealógicos).

En la época en que Malthus vivió, ni él ni sus coetáneos podrían haber imaginado que los genes de un organismo pudieran ser introducidos a otro, con el objeto de producir condiciones deseadas para su mejor resistencia a climas fríos y otras condiciones adversas. Pero eso es tema para otro día.

Para Malthus, existían condiciones -las que él llamaba obstáculos- para frenar el crecimiento de la población e incluso poder reducirlo al nivel de los medios de subsistencia. A primera vista, la solución para el problema de Malthus está en su propia obra: propiciar de obstáculos a la población. Y es erróneo, pues el marco de crecimiento se reduciría hasta el nivel de los medios. Bueno, ante esto, los norteamericanos lograron popularizar un esbozo de solución un poco menos inhumano. Pero no como solución directa a este problema, sino que lo hicieron a través del arte.

Primero en la pintura, desechando todo lo que pudieran desechar y quedándose con lo básico y mínimo. Después en la arquitectura, la literatura y finalmente en sus estilos de vida. Lo llaman minimalismo o esencialismo.

Históricamente, el primero en llevar este tipo de vida y documentarlo fue Henry David Thoreau, autor de Walden. En él, el autor narra los dos años, dos meses y dos días que vivió en una cabaña construida por él mismo, cercana al lago Walden.

Con este proyecto de vida solitaria, al aire libre, cultivando sus alimentos y escribiendo sus vivencias, Thoreau pretendía varias cosas. Por un lado, demostrar que la vida en la naturaleza es la verdadera vida del hombre libre que ansíe liberarse de las esclavitudes de la sociedad industrial. Por otro, que la comprensión de los recursos de la naturaleza, sus reglas, sus recompensas, son un camino que el hombre no debe olvidar. Al pasar muchos años, el americano común volvió a adoptar el mismo estilo de vida.

Los que hoy lo suscriben, habitan dentro de sus cuatro paredes con lo que ellos consideran esencial para su vida; por fuera, colindan con edificios u hogares clásicos americanos. Algunos de ellos incluso tienen casas como cubículos. Otros prefieren tener un solo plato de cereal y una sola taza, y desarrollan una alergia a recibir o dar regalos. Bueno, no tanto.

Los autores The Minimalists lo definen así: “El minimalismo es una herramienta que puede ayudarlo a encontrar la libertad. Libertad del miedo. Libertad de preocupaciones. Libertad de la culpa. Liberarnos de las trampas de la cultura de consumo en las que hemos construido nuestras vidas. Libertad real.”

En fin, el minimalismo es un estilo de vida que se está esparciendo tanto por occidente como por oriente, y en Perú, quizá como respuesta al consumismo o por motivos meramente económicos, poco a poco va ganando adeptos.

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