La política, ese terreno que muchos quieren pisar y de donde esperan salir libres de polvo, paja y barro, ha seducido a más de uno. En Ilo, varios se han lanzado al ruedo, algunos con más “suerte”, en realidad con más plata que otros, han logrado hacerse con la victoria, y, por ende, con un sillón en las entidades municipales.

Hoy veo a algunos jóvenes participar en estas lides, y no precisamente destacando por su gran trabajo de fiscalización, sino enfrentando solicitudes de vacancia, que más allá de estar plenamente sustentadas o no, el hecho que nos llama la atención es el papel que están cumpliendo.

Hemos descubierto que hay regidoras jóvenes multifacéticas que se dan tiempo para ejercer sus cargos y, a la vez, ser proveedoras de otras comunas ediles ¡Qué tal! Los tiempos están difíciles, hay que recursearse, dirán sus defensores. Como argumento de defensa, el concejal sostuvo que no se le puede impedir su derecho al trabajo, lo que nos permite sospechar que continuará con sus negocios.

Pero, vamos, lo que si me sorprendió es sentir ese tufillo de victimización, pues en breves declaraciones a la prensa reclamó por el trato que se le está dando a los “nuevos cuadros”, dentro de los cuales ella se auto-incluye. Escucharla decir que los cuestionamientos le han llovido por ser mujer y joven, me da la impresión de que obviamos que nuestro género y edad no nos puede exculpar de todo.

Aclaremos, hay jóvenes viejos porque las trampas ya las van aprendiendo, y hay mujeres que no nos representan, como Mercedes Aráoz que prefirió el aplauso de 86 impresentables, dándole la espalda a todo un país que se movilizaba en rechazo a esa cloaca llamada Congreso de la República. Soy mujer y no por eso defiendo a la aún vicepresidenta porque sé a quiénes representa y qué intereses defiende.

Necesitamos más participación de los jóvenes, es cierto, pues en estos tiempos opacos hace falta recuperar la política contra los que organizan el silencio y los que conspiran para la indiferencia, como diría Monedero.

Pero mientras los jóvenes vean la política como un proyecto personal y no como un proyecto colectivo, el rostro de este país envejecerá. Ser funcionario, regidor, alcalde, etc., no es un premio, tengámoslo presente. No es la dieta, el billete, o la posibilidad de hacer negocios, el que debe guiar al que está en un cargo público, sino la convicción, el afán de servicio. De lo que se trata es de hacer política diferente de manera diferente. Es decir, no hay que preguntarse dónde hay más dinero, sino dónde está el deber.

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