Cuando veía en Ilo esta última semana, como algunos vitoreaban con fanfarrias y alfombras mientras el mandatario se comía un ceviche en el varadero artesanal y a la pregunta acertada de que el presidente del Congreso de la República Pedro Olaechea había presentado una Demanda Competencial ante el Tribunal Constitucional (TC) para que se pronuncie sobre la legalidad o no de la disolución del Congreso; el mandatario en forma encrespada, arrogante y hasta dictatorial, respondió que elevaría mediante su procurador de la Presidencia del Consejo de Ministros, una denuncia contra Olaechea, por el presunto delito de usurpación de funciones, acto que lo cumplió.

Es decir, el mandatario entra al pánico extremo, de que el TC se pronuncie sobre este irregular acto que ha atentado contra nuestra democracia y que todos los organismos internacionales y nacionales como la OEA, Defensoría del Pueblo, etc.; piden clamorosamente como camino para restablecer la paz en el país. Aunque parece mentira, siento que el Perú está perdiendo todo el capital democrático que nos ha costado construir durante 19 años luego de la dictadura fujimorista que sometió y avasalló todos los poderes del estado y el cual también fuimos solo reactivos.

He vivido tres golpes de estado y solo el tiempo dirá cuál fue el peor; mi análisis me indica que el de Velasco Alvarado; fue en un contexto de guerra fría, de aquella lucha del imperialismo y socialismo y su plan aventurero, tuvo como objetivo cambiar una nación a un sistema estatista y nacionalista, no tuvo los resultados esperados, pero hubo todo un proyecto de país; de revolución, de causa que finalmente la historia reprobó, pero en su momento unió a los peruanos masivamente.

El segundo de Alberto Fujimori, con su famosa disolución del Congreso y reforma de las instituciones y poderes del estado: se dio en un contexto de un creciente terrorismo e inflación económica y el Congreso estaba muy dogmatizado y politizado; el Poder Judicial y Ministerio Público, carecía de fuerza para incriminar a los huestes terroristas y guerrilleras que prácticamente estaban por tomar el poder dejando en el camino la más cruel destrucción y muerte; es por ello, al día siguiente del golpe fujimorista, las calles y la prensa salió en su respaldo.

Este tercer golpe de estado de Martín Vizcarra con la disolución del Congreso, no he visto una causal de envergadura; más allá de choques, denuncias y acostumbrados enfrentamientos que existe en todas partes del mundo; Vizcarra ni el Congreso llegaron a consensos pero ese también es la característica y el arte de hacer política; de convivir en la adversidad; pero cerrar el Congreso en forma inconstitucional fue lo más irracional y absurdo y ahora, frente a la actitud casi «divina»; de someter a la Comisión Permanente y no aceptar la designación del nuevo miembro del TC Gonzalo Ortiz de Zeballos, que se había votado antes del cierre del parlamento y que conocía de sus irregularidades en el caso Chichero, cuando fue ministro de Transportes y Comunicaciones;  nos hace ver que estamos consolidando a un dictador.

El mandatario al cierre del Congreso; va a gobernar mediante Decretos Supremos, sin ningún tipo de fiscalización ni regulación, todo estará sometido y en su poder. Debemos de saber que la democracia se consolida o construye porque el Poder se Controla; y en estos momentos veo a Martín Vizcarra, muy «mareado» con la música que le tocan en la fiesta que solo está él y penosamente sin ningún control.

Mientras tanto los que pensamos que se ha rato el orden democrático, estamos a la espera que el Tribunal Constitucional y más organismos jurídicos se manifiesten sobre este hecho, hasta lograr el retorno de los poderes del estado en forma autónoma y se convoque a elecciones generales por 5 años, tal como lo establece la Constitución Política en su art. 115. Haber vivido tres golpes de estado, me ha creado el ideal de promover poderes e instituciones sólidas independientes, estamos en vigilia hasta lograr ello y si todo se ajusta a Ley, ese debe ser el comienzo para voltear la página de la historia…es mi opinión.

Deja un comentario