POR: ING. EDUARDO JIMÉNEZ LAZO

En “La riqueza de las naciones”, su obra más célebre, Adam Smith, considerado el fundador de la economía clásica y del liberalismo económico, recomendaba como la mejor forma de distribuir la riqueza y crear trabajo el propiciar el surgimiento de sociedades empresariales al lado de la gran industria, la cual en procura del bienestar colectivo debería destinar recursos a la compra de bienes y servicios en las mismas contribuyendo así al fortalecimiento de su entorno, en este caso de las empresas de la Región Moquegua.

Recursos que los recuperarían con creces al tener a su alcance a costos competitivos y rapidez, abastecimientos logísticos, servicios especializados y mercancías e insumos de diverso tipo. Y lo que es más grande: ¡Paz Social, gracias a la cual todos seremos prósperos!

Soy un convencido que la minería debe en la gran mayoría de los casos, coexistir con la agricultura, siempre y cuando se respeten a plenitud las normas ambientales; como también que solo en el diálogo y el respeto mutuo se pueden construir espacios democráticos, que permitan crear riqueza y distribuir la misma adecuadamente, creando trabajos dignos y proporcionando salud y educación de calidad.

Los moqueguanos siempre nos hemos distinguido por ser a la vez que un pueblo defensor de sus derechos y riquezas, por un trato respetuoso a la inversión, a la cual tan solo pedimos que apueste por lo nuestro: ¡Por ello esperamos que Anglo American y sus contratistas den prioridad, además de a los trabajadores, a las empresas del lugar, porque tanto los unos como las otras han desarrollado, desarrollan y desarrollarán sus actividades en el ámbito regional, donde se encuentran sus hogares y sus familias!  En cambio, las empresas y la mano de obra foránea, solo estarán en nuestro medio en tanto se construya la mina.

Conocemos que en la actualidad trabajan en la mina cerca de diez mil personas, habiendo Anglo American Quellaveco superado con creces el compromiso establecido en la Mesa de Diálogo: que en lo que respecta a la mano de obra no calificada, un 80% ya son moqueguanos, o con residencia en Moquegua durante los últimos cinco años o casados con moqueguanos, condiciones últimas que se repiten en un 20% de la mano de obra calificada.

Mano de obra, que una vez construida la mina, en una significativa parte sería asumida, por la minera, estando ya especializados, y también por las pequeñas y medianas empresas del departamento, que esperamos que para ese entonces hayan superado la actual situación, en la cual la mayoría de las compras de las empresas contratistas las hacen en la ciudad de Lima, comprando tan solo en la región Moquegua compras de emergencia o pequeñeces.

Tengo plena seguridad que todos los estudiantes, trabajadores, empresarios de la pequeña, mediana y gran empresa de Moquegua, sabremos poner oídos sordos y rechazar los cantos de sirena de resentidos trasnochados y violentos, personajes que tan solo quieren llevar al caos a nuestra región y sabremos marchar unidos cantando con alegría y esperanza aquel vals cuyas estrofas finales vaticinan que “…con paso gigante hacia el porvenir/volverás a ser muy pronto lo que fuiste ayer/Y tu ciudad dormida te levantarás/a impulsos del aliento de prosperidad/Y un nuevo sol radiante te iluminará/Oh perla de los ángeles, Moquegua sin igual”.

¡Y si antaño fuimos prósperos con la vid y el olivo, hoy seámoslo con la minería del cobre!

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